21 sept. 2012

Ralf König, rey de los cómics


Ralf König, rey de los cómics, dirigida por Rosa von Praunheim, estará presente en el 60º Festival Internacional de Cine de San Sebastián, dentro de la sección Zabaltegi Especiales, tras su paso este año por la Berlinale 2012 y el BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente). Esta película documental se estrenará en salas comerciales el próximo 31 de Octubre de 2012.

Ralf König, rey de los cómics repasa la vida, pensamientos y obra de Ralf König, uno de los más importantes, lúcidos y populares dibujantes de cómics europeos. El humor, la ironía y la observación mordaz de la realidad son las armas libertadoras de Ralf König contra los prejuicios fanáticos e intolerantes. La vida gay, los estereotipos gays, la sensibilidad masculina, los deseos y frustraciones, las neurosis urbanas, las incursiones en la antigüedad y la influencia de la religión en la sociedad son algunos de los temas que aborda el autor. La película documental Ralf König, rey de los cómics rinde tributo a este artista único, desfachatado, idiosincrásico, sumamente lúcido, en la cima de su creatividad. La vida y obra de König están estrechamente ligadas a la emergente comunidad gay surgida a finales de los años 70. Su estilo cómico y desenfadado, en obras como El hombre deseado, El condón asesino, Lisístrata o Huevos de toro, se combina con un humor tan ingenioso como punzante. Los temas e intereses humanos de König siempre han ido más allá de la homosexualidad para abrazar temas más universales y filosóficos. Sin duda, König continuará sondeando en las profundidades del absurdo de las convenciones sociales a través del cómic.

Algunas de sus obras más afamadas y notables han sido llevadas al cine: El hombre deseado, El condón asesino, Como conejos y Lisístrata; otros al teatro y al teatro de marionetas. Sus libros han sido traducidos a 13 idiomas y ha vendido cerca de 7 millones de ejemplares, lo que le convierte en el cronista y autor de cómic gay más famoso del mundo. Ediciones La Cúpula ha publicado toda su obra en español.

Ralf König estará en San Sebastián para presentar oficialmente esta película el jueves 27 de septiembre.

Aquí os dejamos el horario de proyecciones:
    
Lunes24: 22,00 h., Principe, 10.
Martes 25: 20,30 h., Antiguo Berri, 7.
Jueves 27: 22,30 h., Principe, 9 (Presentación y coloquio)
Viernes 28: 16,00 h., Trueba, 1 (Presentación y coloquio)
Sábado 29: 16,00 h. Antiguo Berri.


19 sept. 2012

Master of Horror



















Aunque en principio no parecería nuestra especialidad, en La Cúpula siempre hemos mantenido querencia por el manga. De hecho, nos atreveríamos a decir que el primero que apareció en España lo hizo en las páginas de El Víbora, en 1980, con firma del maestro del gekiga Yoshihiro Tatsumi. Desde entonces hemos seguido indagando en la producción japonesa para alimentar esa relación, y entre los descubrimientos más celebrados de la casa se encuentra el trabajo de Masashi Tanaka o el de sacerdotes del horror gráfico como Junji Ito o Hideshi Hino.
Hideshi Hino nació en Manchuria en 1946, el día siguiente al fin de la Segunda Guerra Mundial y como hijo de inmigrantes. Pronto se trasladó con su madre a Tokio, donde el clima de posguerra que se respiraba en Japón marcaría profundamente su niñez y su obra venidera. Fascinado por Harakiri (Seppuku, 1962), la película de Masaki Kobayashi (que recientemente ha conocido un notable remake a manos de Takashi Miike), decidió que quería ser director de cine, aunque el interés que sus compañeros de clase mostraban por sus dibujos y la accesibilidad del lápiz y el pincel le llevaron a iniciarse como artista en el ámbito del cómic. Su primer trabajo, “Tsumetai Ase” (Sudor frío), aparecería en 1967, y tras ver su obra editada en revistas como COM, una publicación experimental de Osamu Tezuka, y formar parte de diversos colectivos, en los años 70 acaba por consolidarse como uno de los autores más insólitos e imprescindibles del manga terrorífico.
El trabajo de Hino, que tiene también su vertiente audiovisual, es muy celebrado por un público que no necesariamente consume tebeos como rutina, pero que sí es afecto al cine de terror o a las subculturas de la oscuridad. La gran recepción que su obra ha obtenido en nuestro país se vio refrendada, en 2007, con la concesión de un premio a toda su carrera en la mítica Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, y desde entonces sus álbumes han seguido leyéndose con tal fervor que hemos decidido volver a ofrecerlos a un mercado sediento de sangre y pesadillas.

(Un dato, modestia aparte: Aunque las nuevas técnicas y el intercambio digital de archivos ya no lo requerían, cuando hace unos años decidimos publicar por primera vez en castellano El niño gusano, Hino nos cedió sus originales para asegurarse una edición de máxima calidad. El resultado final le complació tanto que desde entonces nos envía sus valiosas páginas para que las reproduzcamos con amor y de primera mano. Según sus palabras, nuestras ediciones son las mejores que se le han hecho nunca, superando incluso a algunas japonesas que hasta el momento había creído inmejorables. El material lo merece, ¡nuestros lectores también!)

Puedes leer un avance de El niño gusano aquí.


Un día cualquiera






















La obra de Kafka ya retrataba con precisión el tormento que los hombres se infligen entre ellos en forma de burocracias y condenas, tal vez no hacía falta volver sobre el tema, pero el hombre es un animal desmemoriado que reincide y se estampa y se regodea en la misma piedra y no hay manera humana de cambiarlo y si algo cambia es para que todo siga igual.
Destaca entre los seres humanos un ejemplar que produce especial miedo y turbación, y es aquel que carece de sentido del humor. Él nunca sabe que no lo tiene, ni percibe cómo se le neutraliza y se le violenta la respuesta, de forma automática, ante según qué estímulos. Así funciona en el caso de los integristas, de los fanáticos y de los imbéciles, que son todos un poco lo mismo y los hay en todas partes.
Mana Neyestani no le llega a Kafka a la suela de los zapatos, tampoco vamos a venderos una moto, pero es un humano como nosotros y tiene mucho arte a los lápices y en este álbum da prueba de una extraordinaria capacidad para hacernos empatizar con su terrible historia personal, cuando en 2006 acabó encarcelado por la interpretación errónea que se hizo de un cándido dibujo suyo publicado sin intención alguna de sátira en una revista infantil. La imagen mostraba una cucaracha que pronunciaba la palabra “azerí”, que al parecer describe una comunidad del norte de Irán. Y, de pronto, los azeríes salieron a la calle armados con la furia por bandera. Y un dibujo infantil se convirtió en un terrorífico asunto internacional.
Una metamorfosis iraní, real como la vida misma, es un testimonio de paranoia que nos devora, de la confusión general y del miedo que no cesa en este mapamundi cada vez más chiflado.

Te ofrecemos un avance de su contenido aquí.


18 sept. 2012

Vidas cruzadas




















La niña de sus ojos podría despacharse como cómic de los autobiográficos pero no sería hacerle justicia, porque es algo más complejo.
Guionizada por Mary M. Talbot, académica especializada en asuntos de género e hija de James S. Atherton, uno de los mayores especialistas en la obra de James Joyce, esta novela gráfica mezcla memoria personal con términos biográficos a partir de la relación de la autora con su padre y de la que Joyce mantuvo con su hija Lucia, que llegó a pasar treinta años de su vida en una institución para enfermos mentales de Northampton.
El libro traza equivalencias y distancias entre personajes, nos habla de las tiranías y asunciones que a veces sostienen las relaciones filiales, se asoma a las tinieblas derivadas de la creación literaria y, sin perder el confortable pero intenso hilo de su ficción, examina las sutiles pero determinantes diferencias de trato y gestión de los derechos individuales que hombres y mujeres, tanto por acción como por omisión, han practicado en los últimos siglos. Todo ello se cuenta desde la intimidad de la primera persona, pero es una primera persona que no deja de contemplar a la segunda, a la tercera y, por extensión, a la primera del plural que somos todos.
Para que el proyecto quede en familia, la puesta en imágenes corre a cargo de Bryan Talbot, esposo de Mary y conocido por su monumental Alice en Suderland.

Te ofrecemos un avance del contenido aquí.



6 sept. 2012

Entrevista: Perro habla


¿Cuándo empezaste a hilar historias en forma de cómic?
Dibujo desde que tengo uso de razón. Coincide que hacia los diez años estuve postrado en cama durante casi tres meses por culpa de una hepatitis y me harté de leer tebeos. Por entonces, en mi familia circulaban Don Miki, Piff, Spirou y cosas sueltas de Marvel que nos regalaban los vecinos. Me enganché a todas y comencé a copiar –literalmente- viñeta por viñeta, las historietas de Gaston Lagaffe. André Franquin me parecía el mejor dibujante del mundo y quería saber cómo hacía aquello, cómo convertía personas, edificios, plantas, animales…, todo, en caricaturas tan exquisitas. Me dedicaba a copiarle durante horas. Aún hoy me sigue pareciendo uno de los mejores dibujantes de la historia. Poco a poco comencé a idear cosas propias imitando su estilo. Los guiones provenían de lecturas diversas y, sobre todo, de situaciones cotidianas. Amigos, anécdotas de clase, yo qué sé. En el colegio era el rarete que hacía caricaturas de los profesores. En fin, la historia de muchos.

Entonces has sido siempre lector de tebeos.
Sí. Creo que buena parte de mi generación creció leyendo tebeos y es probable que muchos lo sigan haciendo. De pequeño leía todo y todo me parecía poco: desde el Spirou hasta el Pumby pasando por el DDT, el TBO, el TíoVivo, Mortadelo, las “Novelas Ilustradas”, tomos de Tintín, Astérix y Obélix… Recuerdo que mi  padres me regalaron una reedición de “El Jabato contra los Hombres Leopardo” mi primer día de colegio en los Jesuitas de Pamplona por haber llorado sólo un poco. Ya adolescente, un profesor modernete de dibujo se enteró de que me gustaban los cómics (como él los llamaba) y me introdujo en el universo de Totem, 1984, Metal Hurlant, etc. Entonces tomé conciencia de que alguien debía dibujar todo aquello que yo leía, del concepto de autoría, vaya. Y fui abducido por el planeta Toutain. Conocí clásicos, maestros, genios, artesanos… Moebius, Will Eisner, Alex Toth, Roy Crane, George Herriman, Durañona… Después vinieron Cimoc, Rambla o Cairo, que me obligó a replantearme mi imaginario comiquero. Fue el desembarco en mi vida de Chaland, Swarte, la línea clara, que se llamaba entonces. Un hallazgo. Había meses en que compraba todo lo que se editaba, y el caso es que todo me parecía poco. He leído de todo y me gustan muchas cosas, cada una por su aquél.

¿Sigues leyendo historieta actualmente? 
Sigo leyendo cuanto puedo, pero no es mucho. Compro lo menos posible por razones estrictamente económicas y me reconozco un poco ajeno al fenómeno de la novela gráfica, aparte de Eisner, Spiegelman o David Mazzucchelli. De todos modos, también Tintín puede considerarse novela gráfica, ¿no? O el Spirou de Franquin o la obra de Chaland. Sigo a Darwyn Cooke, con la serie sobre Parker, a Mazzucchelli, y busco por ahí restos de Alex Toth, Roy Crane y otros clásicos. Leo cuanto puedo de Gallardo, Max y Paco Roca, pero desde que tengo críos dispongo de poco tiempo y de menos dinero. Ando un poco desconectado de todo.

¿Qué hay de El Víbora, en cuyas páginas te profesionalizaste? ¿Tuvo importancia en tu formación?
Fue fundamental. Un día vi anunciado en una revista de Toutain que se ponía a la venta una nueva publicación llamada Goma 3 (que por problemas legales acabaría por llamarse El Víbora). Naturalmente, mi hermano Luis, un año mayor que yo, se encargó de conseguirla. Cuando mi padre nos la encontró y leyó el primer capítulo de Anarcoma nos metió una paliza de las históricas. Echaba espumarajos por la boca. El Víbora me ayudó a entender la narrativa gráfica (como diría Javier Coma, ja, ja, ja) con claves adultas. Recuerdo a Calonge, Gallardo, Max, Jaime Martín, Alfredo Pons, Nazario, Mariscal, Martí, Seguí, Andrea Pazienza, Liberatore, Matthias Schultheiss… Pensado ahora, ya medio viejo, creo que ampliaron el horizonte ético y estético de la historieta española y lo convirtieron en una densa trama de compromisos diversos que nos ha mejorado a todos.


En aquella revista te estrenarías en los años 90 con Camaleón, que ahora se recoge en forma de álbum. Una serie que bebe del noir mediterráneo, del hard boiled y de las múltiples interpretaciones cínicas del género para finalmente instalarse en el clasicismo.
Ja, ja, ja, suena hasta interesante. Era mi primera experiencia en una serie como Dios manda. Venía de dibujar una tira diaria de humor en el periódico Navarra Hoy, en Pamplona, de tono decididamente político-social, pero nada más, y me apetecía hacer una incursión en el género negro.



¿Cuáles son tus intereses o influencias en ese terreno?
Mis lecturas de infancia están ligadas a las colecciones que hacía mi padre de Bruguera y otras editoriales: El club del misterio o El círculo del crimen me descubrieron clásicos como Conan Doyle, Hammett, Chandler, Ross MacDonald, Ian Fleming , Chester Himes, Walter Mosley o el todopoderoso Jim Thompson, además de grandes portadistas y dibujantes y literatos anónimos de a peseta como Curtis Garland (con obras como “Duerme para siempre”, “¡Silba, muerte, silba!” o “Yo fui asesinado”), Silver Kane o Frank Caudett. Poco a poco me interesé por autores contemporáneos no necesariamente anglosajones como Onetti, Borges y Bioy Casares, Rubem Fonseca, Carlos Sampayo, Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Juan Madrid, Paco Ignacio Taibo II, el inmenso Leonardo Sciascia… En general, me siento mucho más próximo a la línea sucia del pulp que al género policíaco de salón y a protagonistas al margen de la ley defendiéndola. Aunque también hay obras de autores no ligados al género pero que entroncan directamente con él que me parecen fundamentales, como “Los hombres duros no bailan” de Norman Mailer, “Santuario” de Faulkner, y su plagio “El secuestro de Miss Blandish”, de Hadley Chase; “Escupiré sobre vuestras tumbas” de Boris Vian o “Billy Bathgate” de E. L. Doctorow. Y hasta un relato excepcional que para mí tiene una innegable lectura en clave de literatura negra: “Un día perfecto para el pez plátano”, de Salinger. Lo último que ha interesado ha sido “El poder del perro”, de Don Winslow o “Sólo un muerto más”, un divertimento de Ramiro Pinilla. En cuanto a cine, creo en todas las obras maestras que ha dado el género, desde El halcón maltés a la saga de El padrino, aunque si he de mencionar algún título con el que tenga más afinidad estética ahí están El silencio de un hombre de Melville, Los asesinos de la luna de miel de Leonard Kastle, el Atraco perfecto de Kubrick o los Reservoir Dogs de Tarantino. En cómic puedo citar a Berardi y Milazzo, Mezzo y Pirus, Thomas Ott, Muñoz y Sampayo, Bernet y Abulí, Frank MillerCamaleón bien puede ser un cóctel de todo ello, pero más que influencias, todos esos nombres los dejaría como intereses, porque no creo que mis historias lleguen jamás a alcanzar la intensidad de sus referentes. 

¿Es Barcelona es un buen escenario para desarrollar el género?
Cualquier lugar en el que quepan dos personas es bueno. ¡Si hasta los suecos, que viven a bajo cero sin pisar la calle, han conseguido desarrollarlo con autores de nivel! Y no me refiero al fenómeno Larsson; Söwal y Wahlöö serían el mejor ejemplo.

Después de Camaleón, aparcaste prácticamente lo de los cómics. ¿Te ofreció más comodidad el dibujo profesional? 
Llegó un momento en que los trabajos alimenticios no me dejaron dedicarme a los tebeos. No disponía de tiempo material, teniendo en cuenta que sólo dibujar cómics resulta ruinoso si trabajas sólo para el mercado español y no eres un autor de primera categoría. No soy muy hábil para abrirme mercados, la verdad, así que pasé a dedicarme al diseño gráfico y la ilustración comercial. Disfruto mucho con la ilustración, intentando encontrar un resquicio de creatividad en encargos tan tutelados. En esta dirección podéis encontrar trabajos de los que me dan de comer y algún otro, incluido un proyecto de tebeo.

Ah, entonces nos quedamos tranquilos, hay proyectos en el cajón…
Algo hay, ¡pero no estoy autorizado para comentarlo! Es una historia larga con guión ajeno y tiene un punto de conexión con la novela negra, por aquello de la degradación de la sociedad y la podredumbre del alma humana en contacto con el dinero…